Se estima que más de 3.500 millones de personas utilizan un smartphone, una cifra que cada día crece mucho más y que ya implica a más de la mitad de la población mundial. Se ha de tener en cuenta que la fabricación de un móvil es la parte más contaminante de su vida, ya que aproximadamente el 80% de la huella de carbono de cada dispositivo se produce solo en su fase inicial. Esto supone un desastre medioambiental teniendo en cuenta que durante el proceso de creación de un dispositivo se requiere la extracción contaminante de 40 kg de materiales rocosos de elementos irreemplazables como el litio, el oro o el cobalto.
Además de esto, tenemos que tener en cuenta que, durante la extracción de la minería, el refinado, transporte y ensamblaje junto con las decenas de elementos químicos, como el hierro para los altavoces y micrófonos, el aluminio y magnesio para los marcos y pantallas, el cobre, la plata y oro para los circuitos eléctricos, el grafito y litio para la batería, el silicio para el procesador, y el estaño y plomo para las soldaduras, se generan muchos residuos tóxicos y se desaprovechan enormes cantidades de materias primas.
Desde que los móviles llegaron a nuestras vidas se han ido adaptando a las necesidades de cada etapa, más pequeños y ligeros, con pantallas grandes, cámaras de alta resolución, baterías de mayor duración… De hecho, a cada paso que se ha ido avanzando, algunos investigadores han ido descubriendo que los móviles son perjudiciales para el medio ambiente y son de los aparatos que dejarán una mayor huella de carbono para 2040.
Por ello, con el fin de poner una pronta solución y frenar la toxicidad de los residuos que los smartphones producen, se necesita imponer a todos los profesionales en reparación de teléfonos un sistema de reciclaje óptimo. Para ello, no solo se ha de reciclar y reutilizar, sino también ofrecer instalaciones para la recuperación de los materiales, hasta ahora muy difíciles e incluso imposibles de reemplazar, con el fin de no explotar y desaprovechar más materiales.
Una de las claves es conocer al 100% de qué están compuestos los móviles y así ser conscientes de cómo se han de tratar los diversos componentes. A pesar de que el 72% de los materiales utilizados en el proceso de fabricación son reciclables, como también lo son el 25% de los que se usan para cables, fuentes de carga o lectoras, un 3% de los que se encuentran en las plaquetas de los circuitos integrados o los gases de refrigeración son residuos peligrosos. Parece un porcentaje bajo en comparación con los restantes, pero la contaminación que supone su utilización es lo suficientemente elevada como para resultar muy perjudicial.
Pero esto no solo ha de tener un impacto en los fabricantes, sino en la sociedad en su totalidad. Debemos de saber que, actualmente, se estima que el 15% de los smartphones se reciclan en los países en desarrollo, y aunque son datos no muy esperanzadores, es alentador saber que hace unos años esto era impensable y ahora se está comenzando a hacer. De igual forma, destacamos que los consumidores siguen estando acostumbrados a guardar sus smartphones durante años en vez de tirarlos a la basura, algo que parece carecer de importancia, pero que implicaría una mayor concienciación sobre el medio ambiente.
Gracias a estos pequeños gestos, a pesar de que los desechos electrónicos son considerados una crisis en aumento, se debe de tener un control tanto durante su proceso de reciclaje como en el momento de deshacerse de ellos. Es por esto que cabe señalar que la fase del fin de la vida útil genera una gran cantidad de desechos tóxicos que supone graves impactos tanto en la salud humana como en el medio ambiente.
Según el programa ambiental de las Naciones Unidas se estima que la fabricación de un teléfono produce unos 60kg de CO2e (equivalente), es decir, que su uso anual produce aproximadamente 122kg, una cifra demasiado alta si se relaciona con la gran cantidad de dispositivos en el mundo. Estos datos tan preocupantes se deben a que gran parte de los componentes son catalogados como residuos tóxicos para los seres humanos, plantas y animales, debido a que, por ejemplo, en el caso de las baterías de los smartphones contienen elementos que producen enfermedades respiratorias y cutáneas e incluso cancerígenas; u otros elementos que contaminan el suelo, afectan la forestación y pueden incluso llegar a filtrarse a las redes de agua como arroyos, ríos o mares destrozando y perjudicando todo aquello que tocan.
En definitiva, lo que el mundo tiene que plantearse es que tanto los profesionales como la sociedad deben concienciarse de que un buen aprovechamiento, restauración y reciclaje del teléfono móvil son vitales para la reutilización y la mejora del medio ambiente a corto y largo plazo.
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