El sector de la construcción atraviesa uno de esos momentos en los que múltiples factores externos confluyen y tensionan al máximo la viabilidad de los proyectos. El reciente conflicto en Irán, sumado a un entorno inflacionario persistente, está teniendo un impacto directo en el coste de los materiales, la energía y, en consecuencia, en toda la cadena de valor del sector.
No estamos ante una subida puntual. Hablamos de un incremento sostenido de precios en materias primas clave, como el acero, el aluminio o los derivados del petróleo, que introduce una elevada volatilidad en los presupuestos. A esto se suma la incertidumbre logística y el encarecimiento del transporte, lo que complica aún más la planificación. El resultado es claro: márgenes cada vez más estrechos y proyectos que, en muchos casos, dejan de ser rentables en las condiciones inicialmente previstas.
Este contexto obliga a replantear cómo se gestionan los proyectos de construcción. Durante años, el foco ha estado principalmente en la optimización de costes directos, pero hoy el verdadero diferencial competitivo está en la eficiencia operativa y en la capacidad de anticipación.
Uno de los grandes problemas estructurales del sector es la falta de control sobre lo que ocurre en obra en tiempo real. Las modificaciones, incidencias o desviaciones no siempre se registran de forma sistemática, lo que genera un efecto acumulativo difícil de cuantificar hasta fases avanzadas del proyecto. Un estudio de PlanRadar sitúa el coste de las rectificaciones en obra en torno al 11% del total del proyecto, una cifra que, en el escenario actual, resulta simplemente inasumible.
Reducir ese porcentaje no es una cuestión menor: puede marcar la diferencia entre un proyecto rentable y uno deficitario. Aquí es donde la digitalización juega un papel decisivo. Las plataformas digitales están transformando la manera en la que se planifican, ejecutan y supervisan los proyectos de construcción. No se trata únicamente de digitalizar procesos existentes, sino de introducir una capa de control, trazabilidad y análisis que antes no existía.
La capacidad de centralizar toda la información del proyecto en un único entorno, accesible en tiempo real por todos los agentes implicados, permite reducir errores de comunicación, evitar duplicidades y reaccionar con mayor agilidad ante cualquier incidencia. Cuando cada cambio queda registrado, documentado y asignado, se minimiza el riesgo de que derive en un sobrecoste no previsto.
Además, estas herramientas permiten optimizar los tiempos de ejecución. Una mejor coordinación entre equipos, una gestión más eficiente de tareas y una visibilidad completa del estado del proyecto reducen los tiempos muertos y los cuellos de botella. En un entorno donde cada día adicional de obra tiene un impacto directo en los costes, esta eficiencia operativa es crítica.
Otro aspecto clave es la capacidad de análisis. La digitalización no solo permite gestionar el presente, sino aprender del pasado. Identificar patrones, detectar puntos críticos recurrentes y anticipar riesgos futuros se convierte en una ventaja competitiva tangible.
Así, el sector se enfrenta a un escenario en el que los factores externos son cada vez más difíciles de controlar. Sin embargo, sí es posible actuar sobre los factores internos. Mejorar la gestión, aumentar la visibilidad y reducir la incertidumbre operativa ya no son opciones, sino necesidades estratégicas.
Quiero destacar que la presión sobre los márgenes no desaparecerá a corto plazo. Pero aquellas empresas que apuesten por la eficiencia, apoyándose en herramientas digitales, estarán en una posición mucho más sólida para adaptarse, proteger su rentabilidad y seguir siendo competitivas en un entorno cada vez más exigente.
Regional Director Spain, France, Italy & Latam de PlanRadar







