El sector inmobiliario atraviesa una etapa de transformación impulsada tanto por la tecnología como por un contexto cada vez más exigente: eficiencia operativa, nuevas regulaciones, presión por la sostenibilidad y cambios en los hábitos de los usuarios. Las PropTech han surgido para dar respuesta a muchos de estos retos, pero también se enfrentan a una realidad compleja: crecer, escalar y generar impacto real en un entorno donde la innovación no siempre forma parte de la rutina.
Como parte del equipo fundador de Zenova y también desde mi rol como socia en ENLACE, una comunidad que conecta e invierte en tecnología para el real estate, he podido observar esta evolución desde dos ángulos: el de quienes desarrollamos soluciones tecnológicas y el de quienes deben aplicarlas en su operativa diaria. Esta doble mirada ayuda a identificar algunos de los desafíos más relevantes del momento.
Uno de los cambios más significativos tiene que ver con la evolución del cliente inmobiliario. Durante un tiempo, muchas soluciones PropTech despertaban interés simplemente por ser novedosas. Hoy ese efecto “wow” ha pasado a un segundo plano. El profesional del sector ya convive con tecnología en su día a día, lo que lo ha vuelto más exigente y selectivo con lo que adopta. Ya no basta con tener una interfaz atractiva o automatizar una tarea puntual: ahora se valora la robustez de la solución, su capacidad de integrarse con otros sistemas, su retorno medible y su encaje con la operativa específica de cada negocio.
Este nuevo nivel de exigencia es, en realidad, una buena noticia. Significa que la tecnología ya no se percibe como una curiosidad, sino como una herramienta fundamental de gestión. Para las PropTech, el reto consiste en estar a la altura, desarrollando soluciones que entiendan el contexto del cliente, respeten sus tiempos y flujos, y que hablen su mismo lenguaje.
Otro desafío relevante es cómo escalar sin perder especialización. Uno de los errores más comunes en el ecosistema PropTech es intentar servir a todos los segmentos del inmobiliario a la vez. Cada vertical (desde grandes tenedores hasta promotoras, pasando por administradores de fincas y fondos de inversión) tiene lógicas propias, herramientas distintas y prioridades diferentes. La clave está en encontrar una forma de crecer que no diluya la propuesta de valor. Escalar no significa copiar y pegar el mismo producto, sino adaptarlo con inteligencia, sin dejar de ser experto en el problema que se quiere resolver.
También ha cambiado el contexto de financiación. El capital existe, pero se dirige cada vez más hacia modelos sostenibles, con tracción real, retención de clientes y capacidad demostrada de monetización. Las métricas han desplazado al “hype”. Los inversores ya no apuestan sólo por promesas, sino por resultados. En este escenario, cobran especial relevancia los inversores estratégicos, aquellos que además de dinero pueden aportar conocimiento sectorial, red comercial o acceso a potenciales clientes.
En paralelo, se hace evidente que el sector inmobiliario no se transforma desde fuera. La colaboración entre PropTech y players tradicionales es fundamental. Las soluciones que realmente funcionan son las que se diseñan de la mano del cliente: involucrando a gestores, técnicos y operadores desde las fases iniciales del producto. Lo vemos muy claro en iniciativas como el InnovationLab de ENLACE para administraciones de fincas, donde primero identificamos los retos reales con los propios administradores, luego seleccionamos PropTech que puedan abordarlos, y finalmente generamos espacios de validación conjunta. Este tipo de dinámicas no solo permiten construir mejores soluciones, sino también tender puentes y generar adopción real.
Por último, hay un cambio importante en el propósito que se espera de la tecnología. Ya no se trata solo de digitalizar procesos que antes se hacían en papel. Hoy se buscan soluciones que contribuyan de forma activa a los grandes objetivos del sector: eficiencia energética, cumplimiento de criterios ESG, trazabilidad documental, transparencia operativa o accesibilidad a la vivienda. La tecnología debe estar al servicio de estos fines, no como fin en sí misma.
En Zenova, por ejemplo, hemos comprobado cómo una solución tecnológica puede ser clave para activar medidas de sostenibilidad en edificios. Desde la monitorización del consumo energético hasta la gestión de certificados de ahorro o el despliegue de autoconsumo fotovoltaico, la tecnología puede acelerar transformaciones que benefician tanto a propietarios como a inquilinos, pasando por los equipos de gestión. Ese es el tipo de impacto que hoy se espera de una PropTech: no solo eficiencia, sino también propósito.
En resumen, el futuro del PropTech no pasa únicamente por tener la mejor tecnología, sino por saber integrarla con inteligencia en el ecosistema inmobiliario. No se trata de sustituir procesos ni de forzar cambios, sino de acompañar la evolución del sector con herramientas que generen valor real. La innovación en Real Estate es posible, pero no ocurrirá sola. Requiere visión compartida, puentes de colaboración y soluciones que estén verdaderamente alineadas con el día a día de quienes hacen funcionar el sector.
Marta Pallarés, socia de ENLACE y CSO de Zenova
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