Hablar hoy de vivienda en España es, para muchas personas, hablar de incertidumbre. De contratos imposibles, de precios inalcanzables y de proyectos de vida que se retrasan. Detrás de cada dato estadístico hay familias, jóvenes, mayores y trabajadores que buscan algo tan básico como un lugar donde vivir con estabilidad.
Desde el Registro de Demandantes de Vivienda y Suelo de CONCOVI convivimos cada día con esa realidad. Más de 250.000 personas se han inscrito en nuestro registro buscando una alternativa al mercado tradicional, una oportunidad para acceder a una vivienda sin verse atrapadas por la especulación. No buscan oportunidades financieras, buscan un hogar.
En este escenario, la vivienda cooperativa a precio de coste representa mucho más que un modelo jurídico o económico. Es una forma distinta de entender la promoción residencial. Es la decisión de un grupo de personas de unirse, organizarse y construir juntas su futuro, eliminando intermediarios y priorizando el interés común.
Plataformas como COOPEROPEN han demostrado que este camino es posible, con más de 100 proyectos impulsados, presencia en más de 200 municipios y más de 4.000 familias que hoy ya viven en hogares construidos bajo este modelo. Detrás de esas cifras hay historias personales, esfuerzos compartidos y procesos colectivos que transforman expectativas en realidades.
La vivienda es un derecho, un proyecto vital y una base esencial para la cohesión social. Sin embargo, el modelo dominante ha demostrado sus límites. Frente a él, el cooperativismo ofrece una alternativa sólida, transparente y participativa, basada en la implicación directa de los futuros residentes en todas las fases del proceso.
El cooperativismo permite a los futuros residentes participar desde el primer momento: en la búsqueda del suelo, en la definición del proyecto, en el seguimiento de la obra y en la toma de decisiones. Esta implicación genera confianza, refuerza los vínculos entre los socios y convierte la vivienda en un proyecto compartido, no en un simple producto.
Además, estas iniciativas contribuyen a fortalecer el tejido social de los territorios. Llegan a barrios, ciudades y municipios donde muchas veces el mercado no ofrece respuestas suficientes. Allí, la cooperativa no solo construye viviendas, sino también comunidad, estabilidad y arraigo.
La colaboración con las administraciones públicas es decisiva. El acceso a suelo, los concursos públicos y los acuerdos institucionales permiten ampliar el alcance de estos proyectos y garantizar su sostenibilidad a medio y largo plazo. Cuando sector público y economía social trabajan de forma coordinada, los beneficios llegan directamente a la ciudadanía.
Desde el RDV defendemos que la vivienda cooperativa no es una solución marginal, sino una herramienta clave para avanzar hacia un sistema más justo y equilibrado. Un sistema donde vivir no sea un privilegio, sino una posibilidad real para quien trabaja, ahorra y se compromete con su entorno.
Hoy más que nunca, necesitamos modelos que devuelvan a la vivienda su función social. Que pongan a las personas en el centro. Que conviertan la preocupación en esperanza y el esfuerzo en estabilidad.
La vivienda cooperativa es, en esencia, una forma de construir futuro. Futuro para quienes hoy buscan un hogar. Futuro para nuestras ciudades. Futuro para las próximas generaciones. Un camino que ya está dando resultados y que merece ser reforzado como parte esencial de las políticas de vivienda del mañana.
Director del Registro de Demandantes de Vivienda de CONCOVI.







