En un contexto marcado por uno de los sectores que más impacto genera en el medio ambiente, las Directivas Europeas, como la de Eficiencia Energética (EED) y la de Eficiencia Energética de Edificios (EPBD), han establecido pautas para mejorar la eficiencia energética en la edificación y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Esto implica no solo mejorar el aislamiento de los edificios, sino también reducir la huella de carbono de los materiales utilizados en su construcción.
Con el fin de dar solución a lo anterior, las soluciones constructivas para fachada, como SATE o fachadas ventiladas, copan el mercado de la obra nueva y la rehabilitación, e incluyen una amplia variedad de productos, materiales y acabados, y han sustituido a nuestros habituales ladrillo, mortero o piedra Todo ello implica que, en pro de la sostenibilidad, estamos actualizando un parque que era seguro al no tener fachadas combustibles. Desde mi punto de vista, en cuanto a las rehabilitaciones energéticas de fachada, esto implica un choque frontal contra un principio tan básico como sería el de “NO empeoramiento”.
Numerosos países, inspirados por desafortunados incidentes como la Torre Grenfell en Londres en 2017, han optado por establecer regulaciones más estrictas en el sector de la construcción, con el fin de reducir el riesgo asumible de propagación por fachadas, sin necesidad de eliminar productos del mercado.
España, por otro lado, se encuentra entre los países con niveles más bajos de exigencia en cuanto a la propagación por fachadas, situándose en la cola de la UE. A pesar de los avances significativos en materia de eficiencia energética promovidos por el Código Técnico de la Edificación (CTE) en España, queda camino por recorrer en el ámbito de la seguridad.
Cuando abordemos la seguridad contra incendios en las fachadas de los edificios, es importante tener en cuenta que los requisitos para fachadas en el CTE se adapten a los diferentes usos de los edificios, atendiendo de manera complementaria a su altura y a la dificultad que presente tanto su evacuación como el acceso de los equipos de bomberos, en concreto, es lo que podría ser una nueva categoría de edificios de alto riesgo
Para estas tipologías, tanto para edificios de nueva construcción, como en caso de rehabilitación se revela como crucial que las soluciones constructivas de fachada sean no combustibles (al menos, A2, según la clasificación europea de la reacción al fuego), ya sea por su ensayo en condiciones “final de uso” como sistema completo, ya sea porque la totalidad de los componentes susceptibles de propagar un incendio sean incombustibles, como en el caso de la fachada ventilada. A ésta, sería imprescindible exigirle la colocación de barreras cortafuegos, al menos E30, en cada nivel de forjado, y siendo exigible también el uso de barreras verticales.
En definitiva, España necesita establecer regulaciones más estrictas para prevenir la propagación de incendios a través de las fachadas, mediante prácticas de construcción que pongan la seguridad en primer plano sin sacrificar la eficiencia. Es necesaria la promoción de una transición hacia una construcción más segura y sostenible al mismo tiempo, con el objetivo de salvaguardar la integridad de las personas ahora y en el futuro.
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