En un momento en que la descarbonización del parque residencial se sitúa en el centro de la agenda energética europea, el papel de los gases renovables ha cobrado un protagonismo creciente. Con un parque de viviendas envejecido y una alta dependencia del gas natural, España se enfrenta al reto de reducir emisiones sin comprometer la viabilidad técnica y económica de los hogares. La reciente Directiva de Eficiencia Energética de los Edificios (EPBD) ha introducido un nuevo marco normativo que pone a prueba el principio de neutralidad tecnológica.
Hablamos con Naiara Ortiz de Mendíbil, secretaria general de Sedigas, sobre cómo los gases renovables como el biometano pueden contribuir a una transición energética realista y eficiente.
El parque residencial español está profundamente envejecido y representa una parte significativa de las emisiones del país. ¿Qué diagnóstico hace Sedigas sobre el reto que supone la descarbonización del parque de viviendas y cómo pueden contribuir los gases renovables a abordarlo de forma realista?
El parque residencial español es uno de los más antiguos de Europa, lo que ya de por sí conlleva un alto grado de ineficiencia energética que lo convierte en un foco importante de emisiones dada su fuerte dependencia de tecnologías como las calderas de gas natural —presentes en aproximadamente el 70% de los hogares—. No obstante, esto no debe entenderse como un obstáculo, sino como una oportunidad siempre y cuando seamos capaces de abordar la descarbonización del parque de viviendas desde una visión realista y tecnológica y apoyándonos en vectores energéticos que permitan aprovechar las infraestructuras existentes. En este sentido, los gases renovables como el biometano ofrecen una solución inmediata, eficiente y escalable, ya que permiten reducir drásticamente las emisiones sin necesidad de grandes inversiones ni reformas estructurales en los hogares, facilitando así una transición energética justa e inclusiva.
La Directiva de Eficiencia Energética de los Edificios (EPBD) ha introducido un marco ambicioso para el sector. ¿Considera que el principio de neutralidad tecnológica recogido en la directiva ha sido correctamente interpretado por los distintos actores del ecosistema energético e inmobiliario?
La Directiva de Eficiencia Energética de los Edificios (EPBD) recoge de forma explícita el principio de neutralidad tecnológica, promoviendo soluciones energéticas en función de su impacto ambiental y eficiencia, sin imponer tecnologías concretas. Ahora bien, se está dando una interpretación parcial o sesgada por parte de algunos actores, especialmente en el impulso exclusivo de la electrificación, que contraviene ese precepto. Por este motivo, consideramos que es imprescindible generar certidumbre normativa para todas las tecnologías.
Imponer un único vector energético contradice el enfoque plural e integrador que promueve la propia directiva. Así pues, obviando esta circunstancia, lo importante es que el principio de neutralidad tecnológica implica valorar todas las soluciones que contribuyan eficazmente a los objetivos climáticos, incluidos los gases renovables, que permiten una descarbonización del parque edificado sin los retos técnicos, económicos y sociales asociados a otras alternativas.
Se estima que el 70% de los hogares españoles utilizan calderas de gas natural. Por ello, uno de los asuntos más comentados es la supuesta “prohibición” de las calderas de gas. ¿Podría clarificar cuál es el verdadero alcance de la nueva EPBD en relación con estas tecnologías?
Es muy importante incidir en que la Directiva de Eficiencia Energética de los Edificios (EPBD) no prohíbe en ningún caso la instalación ni el uso de calderas de gas natural en el ámbito residencial. Lo que verdaderamente determina es que, desde el 1 de enero de este 2025, los Estados miembros no podrán conceder ayudas públicas o incentivos financieros para la instalación de calderas independientes que funcionen exclusivamente con combustibles fósiles, pero este escenario no implica la retirada del mercado ni la prohibición de las calderas de gas natural.
La prueba más clara -y reciente- de esto, es que durante la presentación de la Alianza por una Energía Sostenible y Accesible en el Hogar (AESAH) —una iniciativa impulsada por diversas asociaciones y entidades, entre ellas Sedigas, con el objetivo de avanzar hacia la neutralidad climática en 2050 sin dejar a nadie atrás y apostando por aprovechar todas las tecnologías disponibles—, Alfredo Garzón, jefe de área de la Subdirección General de Eficiencia y Acceso a la Energía del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, afirmó de forma explícita que “no se prohibirán las calderas” y que “la Directiva no prima una tecnología sobre otra”. Estas declaraciones respaldan que el proceso de trasposición normativa en España seguirá un enfoque tecnológicamente neutral y abierto, como ha demandado siempre el sector.
Asimismo, es importante recordar que una tecnología no es renovable por sí misma, sino que lo es la fuente de energía que la alimenta. En este sentido, las calderas de condensación de alta eficiencia constituyen una solución madura y flexible, además de que están preparadas para operar con mezclas de gas natural y biometano o incluso con hidrógeno renovable.
Uno de los principales debates gira en torno a la electrificación total o no del sector. ¿Cree que existe una confusión entre descarbonización y electrificación, y que esto puede llevar a decisiones poco equilibradas o incluso contraproducentes?
Existe una tendencia creciente a asociar la descarbonización exclusivamente con la electrificación, cuando en realidad esta es solo una de las vías posibles. Esto entraña un riesgo, y es que la confusión pueda derivar en políticas desequilibradas que excluyan opciones tecnológicas maduras y eficientes como los gases renovables.
Desde Sedigas advertimos que esta visión reduccionista ignora la diversidad climática, urbanística y socioeconómica de países como España. En este sentido, consideramos que es importante atender las limitaciones que tiene el parque residencial nacional, donde más del 70% de las viviendas se sitúan en bloques plurifamiliares con restricciones de espacio y viabilidad técnica, a las que se suma el coste económico, que impiden apostar exclusivamente por una solución. La electrificación masiva, si bien válida en ciertos contextos, no es viable ni asequible para todos los hogares. Por tanto, apostar por una combinación de soluciones —incluyendo gases renovables— es esencial para lograr una transición energética eficaz, socialmente justa y técnicamente viable.
La transición energética solo será exitosa si es eficiente, inclusiva y realista, por lo que no se debe excluir a ninguna tecnología y se debe ofrecer un abanico amplio de soluciones tecnológicas para que los ciudadanos puedan elegir en función de sus circunstancias económicas, técnicas y estructurales.
¿Qué papel juegan las calderas de condensación de alta eficiencia como solución para la descarbonización del parque residencial? ¿Estamos aprovechando suficientemente su potencial como tecnología puente?
Las calderas de condensación de alta eficiencia representan una de las formas más inmediatas de reducir emisiones en el parque residencial puesto que, además de mejorar el rendimiento energético respecto a los modelos antiguos, pueden funcionar con gases renovables sin necesidad de sustituir las instalaciones existentes.
Estas calderas permiten una descarbonización progresiva, accesible económicamente y sin incomodidades para los usuarios. Por eso es fácil determinar que su potencial como tecnología de transición está siendo infrautilizado y debería ocupar un lugar central en la estrategia de renovación energética del parque edificado. Además, alcanzan elevados niveles de rendimiento, con reducciones del consumo energético de hasta un 30 %, lo que las convierte en una alternativa plenamente alineada con los objetivos de descarbonización sin necesidad de acometer reformas estructurales invasivas.
Además de su eficiencia, estas calderas permiten mezclas de hidrógeno renovable de hasta el 20%. ¿Qué relevancia tiene esta característica de cara a la evolución futura del mix energético residencial?
Esta capacidad técnica de funcionar con hasta un 20% de hidrógeno de origen renovable mezclado con gas natural permite introducir gradualmente el hidrógeno en el mix energético sin alterar la infraestructura ni los equipos existentes. Se trata, por tanto, de un enfoque que, al facilitar esa integración progresiva del hidrógeno, contribuye a la descarbonización de forma eficiente y sin necesidad de esperar a desarrollos tecnológicos futuros o costosas adaptaciones del parque instalado.
¿Qué ventajas ofrecen los gases renovables, como el biometano, en la calefacción residencial frente a otras tecnologías, en términos de eficiencia energética, compatibilidad con infraestructuras, costes de inversión y estabilidad de suministro?
El biometano ofrece una combinación de beneficios que, considerados de manera conjunta, lo convierten en un vector imprescindible para abordar la transición del modelo energético: es renovable, almacenable, transportable mediante las redes existentes y compatible con los equipos actuales. Además, reduce la dependencia energética, mejora la gestión de residuos, genera empleo local y disminuye el impacto ambiental.
A nivel económico, el biometano puede suponer un ahorro significativo en la factura energética y evitar inversiones costosas en nuevas infraestructuras. Desde la perspectiva de la seguridad de suministro, garantiza una fuente continua y predecible, lo que resulta fundamental en momentos de alta demanda.
El gas renovable permite reutilizar infraestructuras existentes sin necesidad de grandes inversiones. ¿Cómo puede esto acelerar la descarbonización sin generar resistencias sociales o económicas?
Apostar por gases renovables permite avanzar hacia la descarbonización sin exigir cambios disruptivos a los usuarios finales. La compatibilidad con las infraestructuras actuales evita la necesidad de obras o inversiones significativas, lo que facilita su aceptación social y política. Además, este enfoque evita la penalización económica de quienes no pueden asumir tecnologías más caras o complejas, promoviendo así una transición más justa e inclusiva para todos los sectores sociales.
En España existen actualmente 8 millones de equipos de calefacción y agua caliente sanitaria ya instalados, y una infraestructura de distribución de gas muy extendida, que abastece a todas las ciudades y poblaciones de más de 50.000 habitantes. Esta red puede aprovecharse de manera sostenible, por ejemplo, a través del biometano.
¿Podría considerarse una ventaja competitiva contar con la infraestructura existente para avanzar hacia una descarbonización rápida y rentable mediante gases renovables?
Sin duda. España dispone de una red gasista moderna, extensa y de alta calidad, que abarca casi 100.000 kilómetros entre redes de transporte y de distribución. Esta infraestructura representa una ventaja competitiva que permite canalizar gases renovables como el biometano o el hidrógeno con inversiones asequibles para su adaptación.
Aprovechar esta red evita la necesidad de desarrollar desde cero nuevas infraestructuras de calefacción, lo que acelera el despliegue de soluciones limpias y reduce los costes para los consumidores y para el sistema energético en su conjunto.
En un momento en el que el sector inmobiliario requiere nuevos desarrollos urbanísticos, ¿hasta qué punto puede la integración de gases renovables convertirse en un factor de revalorización del activo inmobiliario, especialmente en promociones de obra nueva o rehabilitación?
Incorporar sistemas energéticos basados en gases renovables en promociones de obra nueva o rehabilitación mejora el perfil ambiental del edificio, pero también incrementa su valor de mercado. La sostenibilidad energética es un factor creciente de decisión en el sector inmobiliario, especialmente entre los compradores más jóvenes o institucionales.
Además, facilita el cumplimiento de normativas europeas y locales en materia de eficiencia energética, posicionando mejor los activos ante futuras exigencias regulatorias y de financiación sostenible.
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