Hace unos días impactaba con fuerza en los medios la noticia sobre la posible incursión de Facebook y Google en el sector inmobiliario. En realidad, la noticia parte del hecho de que en aquellos zonas en las que empresas como Google, Apple o Facebook tienen presencia y como consecuencia de ello, generan miles de puestos de trabajo, y un incremento considerable en los precios de la vivienda tanto en venta como en alquiler, ya que este crecimiento de población supera el stock de vivienda existente hasta el momento de su llegada. Además del hecho de superar la demanda a la oferta, se une el hecho de que el perfil de los trabajadores, informáticos, ingenieros, economistas, es en general personal altamente cualificado y por lo tanto, con salarios muy elevados.
Para hacer frente a esta situación parece que estas compañías están contemplando la posibilidad de convertirse en propietarias de las viviendas y es en este punto donde empieza el debate.
En principio, la idea de estas compañías es evitar perder el capital humano, si los trabajadores no pueden acceder al alquiler o a la compra de vivienda por el elevado coste de las mismas, esto podría desencadenar en que el trabajador se plantee buscar otras ofertas que le permitan una mayor calidad de vida incluso con un salario menor, un tema este de rabiosa actualidad en las principales ciudades de nuestro país, en el que muchos trabajadores con salarios considerables tienen que compartir vivienda o vivir muy alejados del centro de la ciudad. Hasta aquí todo correcto, un ejercicio de responsabilidad de la empresa para con sus trabajadores, que a su vez impacta directamente en la sociedad. Una forma de dar salida al problema de acceso a la vivienda y controlar la oferta y la demanda.
Esta sería la información y la voluntad, a priori, de estas empresas y que podrían extrapolar a todos los puntos en los que operan y por lo tanto generan puestos de trabajo.
Si entramos en otros debates sobre cómo algunas empresas que ofrecían viviendas a sus trabajadores han podido llegar a invadir la intimidad de los mismos, recortando su libertad etc, ese es un tema que está fuera del marco inmobiliario y que la ley debe encargarse de controlar.
Volviendo al tema puramente de mercado, ¿De qué manera afectaría al mercado inmobiliario la entrada de estos gigantes tecnológicos?
A priori, la incursión de estas empresas tecnológicas en un mundo altamente tradicional genera cuando menos revuelo en el sector. Sin duda, estas empresas aportarían frescura, visión global e innovación, pero podría generar falta de privacidad debido a la gran cantidad de datos de información personal que recopilan de los usuarios. Por otra parte, si actualmente en nuestro día a día tenemos en general una dependencia de un modo u otro con estas compañías, su entrada en el mundo de la vivienda elevaría al infinito su presencia en nuestra sociedad. De momento hasta aquí podemos leer, el debate está abierto.
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