Plan de recuperación, transformación y resiliencia. La herencia que dejamos.

La herencia que dejamos a nuestros hijos y nietos, bisnietos y tataranietos.



Es mejor acostarse sin cenar que levantarse con deudas.

Benjamin Franklin

Herodoto, en sus «Historias», el primer libro escrito en prosa griega hace casi 2.500 años, cuenta que los persas educaban a sus hijos en dos máximas: la primera, nunca mentir, la segunda, nunca incurrir en deudas, porque el que lo hace acaba mintiendo.

En 2006 el Premio Nobel de Literatura, José Saramago, bautizó los tiempos que vivimos como la edad de la mentira:

«Vivimos en la Edad de la Mentira. De la misma manera que existe una edad del bronce, a los que vivimos ahora nos toca esta edad en la que los medios de comunicación retuercen, según sus intereses, la información de una realidad ya difícil hasta convertirla en otra cosa».

Saramago habla del síntoma, (la mentira), pero los persas conocían la verdadera enfermedad, (las deudas).

Todo esto viene a colación porque en estos días el Gobierno de España, esencia del paradigma de los tiempos que vivimos de mentiras y deuda, está de «roadshow», vendiendo las bondades del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, que es una dotación presupuestaria de 70.000 millones de euros, de los 750.000 que vertebró la Unión Europea en su fondo extraordinario Next Generation EU, para salir reforzados económicamente de la pandemia, que se financiará con la emisión de bonos europeos, los primeros de la historia.

La primera emisión se produjo el 15 de junio, cubriendo los 20.000 millones de euros lanzados al mercado. Como decía, el gobierno está en medio de la venta de las bondades de este plan, para hacer una España más verde, más digital, más igualitaria en género y con más cohesión social.

El sector inmobiliario, será una vez más, una parte importante de este proyecto, ya que el Plan de Rehabilitación y Regeneración Urbana, está dotado con 6.820 millones de euros de los 70.000 millones antes comentados. Hay, por tanto, ganas de conocer en el sector, cómo aterrizará el proyecto, por lo que ha circulado con rapidez la presentación hecha por David Lucas, Secretario General de Agenda Urbana y Vivienda del Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana (MITMA), explicando dicho plan a la patronal del sector, la Confederación Nacional de la Construcción (CNC).

Para no dilatarlo más y robar tiempo al lector, en las imágenes queda reflejado el reparto económico, así como los logros comprometidos con Europa para la recepción de dichas subvenciones. A partir de aquí, mis reflexiones.

  1. Concepto. Soy un convencido de que podemos y debemos dejar un planeta mejor a nuestros hijos, aunque será muy difícil, porque la presión demográfica del planeta, producida por los 7.674 millones de habitantes actuales, hace que los recursos naturales escaseen.
    En el siglo XX, el ser humano, a través de la innovación, ha sido capaz de mitigar las tres plagas que he han acompañado a lo largo de la historia -enfermedad, hambre y guerra-, que hacían que existiera un equilibrio demográfico. En 120 años lo hemos roto, ya ha crecido la población del planeta en más de 6.000 millones de habitantes, un 400 %. Por tanto, o en el siglo XXI nos tomamos en serio innovar para lograr el equilibrio con el planeta, a través de la eficiencia en el uso de los recursos, o desapareceremos.

    Además, el ser humano ha migrado hacia las ciudades. El 54% de la población actual vive en las ciudades y en el 2050, según la ONU, este porcentaje ascenderá al 66%, por tanto, es de vital importancia la ecología en las ciudades.

    Tenemos y debemos generar ciudades más eficientes. Descarbonizadas. Dónde la mayoría de los edificios sean energéticamente eficientes -los de obra nueva, debemos lograr que sean de emisiones nulas o casi nulas- y lo más importante, que sean independientes energéticamente.

    La producción de la energía debe realizarse dentro de las propias ciudades. En España, gracias al sol, las plantas fotovoltaicas serán sin duda la energía verde que necesitamos y la se deberá generar en los propios edificios.

    Por tanto, cualquier iniciativa para desarrollar este nuevo modelo de ciudades debe ser bienvenida.
  2. Actores. Me gusta definir el libre mercado como la dictadura de los usuarios. Son, o deberían ser, los clientes en el ejercicio libre de su compra, los que deciden si una empresa sobrevive o no, y no debe ser la subvención, la que mantenga empresas ineficientes en su ejercicio.

    Los promotores inmobiliarios deben innovar y convencer a sus clientes de que una casa pasiva o una casa ecológica – 100% independiente energéticamente- tiene mucho más valor que el precio que se le asigna y buscar esos nichos entre sus clientes. Hacerlo buscando la subvención sería un error.

    Lo mismo ocurrirá con las empresas de reformas, arquitectos, aparejadores, bancos, administradores de fincas, etc, que deben trabajar para convencer a los clientes de que rehabilitar hará mejor su casa, porque tendrá más valor en sí misma y tendrán un coste menor – la energía es el mayor gasto de una casa-. La subvención debe ser un medio, no el fin en sí mismo.
  3. Método. El fallecido profesor Jorge Wagensberg escribió un delicioso libro de aforismos llamado «A más cómo, menos por qué». Este título, define perfectamente el estatus que recoge este programa de recuperación.

    El diablo está en los detalles, y como veréis, no existe ningún ningún plan de acción para llevar a cabo este macro proyecto, que por el momento, solo remite a este «quilombo» en que se han convertido las CC.AA para que pongan en marcha dicho plan.

    Otro problema a gestionar es el «nudo gordiano» en que se ha convertido nuestro urbanismo, que, sin duda, va a hacer que sea muy difícil lograr los objetivos que nos ha marcado Bruselas.

    Nuestra faraónica e ineficiente administración pública será el problema y no la solución para llevar a cabo este bonito y necesario proyecto, y si no, al tiempo.
  4. Deuda. Solo dejo una reflexión más. ¿Qué herencia queremos dejar a nuestros hijos?, ¿unas ciudades descarbonizadas y eficientes energéticamente y por tanto un planeta más limpio? o ¿una deuda de 70.000 millones a sumar a los 1,39 billones de euros – recordemos el 125% de nuestro PIB, que irremediablemente tarde o temprano se deberá pagar? Solo merecerá la pena dejar esa ingente deuda si de verdad logramos los objetivos.

    La verdad, no soy muy optimista, porque descreo enormemente de los gestores públicos actuales. No tienen capacidad, ni actitud, ni aptitud, para sacar los grandes retos de la sociedad adelante, y además sus asesores tienen una visión patológica del corto plazo, pensando únicamente en el voto que van a ganar – la democracia terminará muriendo de éxito- así que la sociedad civil y la iniciativa privada, otra vez más, deberá tirar del carro.

    Shakespeare dijo: «el que muere paga todas sus deudas». Puede ser cierto, pero también es cierto que esa deuda se la trasladamos a nuestros descendientes. Es para pensarselo.


Salir de la versión móvil