La crisis energética en el sector tecnológico: ¿Declive o impulso hacia nuevas formas de consumo?

Opinión Iñigo Giner


La crisis del sector energético constituye uno de los temas que más preocupan a los trabajadores españoles. Así lo revela el último informe de InfoJobs sobre actualidad e impacto laboral, profesional y personal. Según este documento, ocho de cada diez trabajadores españoles consideran que la crisis del sector energético, que afecta a la electricidad, el gas y el combustible, así como la subida generalizada de los precios son los factores que más impacto tendrán en sus hogares y en el mercado nacional.

Esta situación de fluctuación e incertidumbre constante, unido a la guerra provocada por la invasión de Rusia a Ucrania, trae consigo un encarecimiento de las materias primas que supone una merma de la competitividad a nivel multisectorial. En términos macroeconómicos, cuesta más producir aquello que se va a vender y por tanto el precio se encarece. A nivel micro, la subida de los precios de la energía se traduce en una reducción del poder adquisitivo de las familias, que tienen que destinar más dinero para pagar las facturas y comprar determinados productos.

Por otro lado, resulta necesario hacer un parón en el camino y detenerse a pensar cómo podemos evitar que la crisis energética y la inflación se agraven y tengan efectos todavía más adversos para la calidad de vida de la población. No podemos sobrevivir sin productos de primera necesidad, y sin utilizar diversas fuentes de energía, como la electricidad y el gas, aunque sí podemos moderar el consumo que hacemos de ellas. Pero hay otro tipo de productos, especialmente algunos bienes tecnológicos, que en ocasiones se sublevan a esos servicios básicos y que en realidad no deberían ser considerados vitales para la conservación de la vida humana. Se trata de innovaciones, en la gran mayoría de las ocasiones innecesarias, que añaden CO2 a la atmósfera, y despilfarran agua para extraer minerales y fabricar chips.

Por ejemplo, mantener en buen estado y conservar un teléfono móvil por más de un año parece para algunos una ardua tarea casi imposible de realizar. En lugar de eso, los más acomodados prefieren utilizar tiempo y recursos para adquirir nuevos productos y así invertir en su propio confort, sin pensar en las consecuencias y en la presión que estamos añadiendo al planeta con su producción. Conseguir los materiales necesarios para altos sistemas de tecnología precisa, en definitiva, mucha energía. Una energía que procede del carbón, el petróleo y el gas, extraídos del subsuelo terrestre. Y esto es algo que no podemos olvidar con tanta facilidad como parece que ocurre en la actualidad.

No podemos negar que la tecnología ha cambiado nuestras vidas, pero tampoco podemos cruzarnos de brazos y seguir forzando a la naturaleza para beneficiarnos de una energía gratuita que nos haga la vida más fácil. Ahora somos nosotros los que tenemos que hacer todo lo que esté en nuestra mano por reducir ese impacto ambiental y esa huella ecológica que dejan nuestras preferencias de consumo. Somos los ciudadanos actuales los que debemos apostar por la innovación y la renovación de dispositivos que ya tenemos a nuestro alcance; por cambios que signifiquen una evolución en nuestra forma de consumir y una revolución a nivel ecológico. Porque sí, es posible disfrutar de la tecnología con un impacto menor en el planeta.

El reacondicionamiento de todo tipo de dispositivos participa aquí como un gran aliado. Aúna economía y ecología a partes iguales, y una reducción de la dependencia de fuentes de energía cuyos precios fluctúan constantemente y representan un gran nivel de incertidumbre. Procuremos que las decisiones más sostenibles en materia de energía no sean siempre las más caras, tanto para nosotros como para el planeta que habitamos.

En conclusión, es urgente activar nuevas formas de comportamiento social e implantar medidas que faciliten la transición hacia otras fuentes de energía y, en definitiva, hacia otras formas de consumo que nos permitan aprovechar los recursos de manera más justa, eficiente y sostenible. La transición energética también significa buscar y encontrar soluciones renovables que nos beneficien a todos, tanto a empresas como a consumidores. De ello dependerá nuestro bienestar social y el futuro de nuestro planeta.


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